El término alfabeto procede del griego ἀλφάβετον
(alfábeton), derivado de las dos primeras letras griegas ἄλφα (alfa, α) y βῆτα
(beta, β), derivadas a su vez de las letras fenicias ʾalp y bēt, que
significaban ‘buey’ y ‘casa’ respectivamente. El alfabeto griego es una
adaptación del alfabeto fenicio, que también dio lugar entre otros al hebreo y
al árabe. Por su parte, el término «abecedario» proviene del latín tardío
abecedārium, también derivado del nombre de las primeras letras, en este caso
cuatro: a (a), b (be), c (ce) y d (de).
Algunas letras pueden recibir uno o varios signos
diacríticos con el fin de diferenciar los sonidos de la lengua o poder evitar
las ambigüedades. De la misma forma, el alfabeto puede ser entendido por el uso
de letras suplementarias. Las evoluciones fonéticas de una lengua se crean a un
ritmo diferente de la evolución escrita. La escritura alfabética no garantiza una
correspondencia unívoca entre los fonemas y los grafemas.
En otros ámbitos (matemáticas, y otros sistemas formales,
por ejemplo), un alfabeto es un conjunto finito y ordenado de símbolos a partir
del cual se construyen palabras y fórmulas bien formadas.
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